Bicis para la Vida by ŠKODA pone rumbo al Alto Atlas marroquí

Foto: Atila Madrona
Tras superar varias negativas administrativas sobre la marcha, concreta su cuarto reparto de material en territorio marroquí.

Cada expedición solidaria de Bicis para la Vida by ŠKODA que pone rumbo al Alto Atlas marroquí tiene un inevitable componente de aventura. Unas veces, la mayoría, debido a la precariedad de las infraestructuras y la dureza de unas orografías en las que altas cumbres de más de 2.000 metros se alternan con profundos y escarpados valles. Otras, en las que no se puede perder de vista lo anterior, por una climatología aún más severa de lo habitual. Y también, porque es un intangible, está el factor humano. Si hace unos meses la estrechez y la angostura de algunos caminos complicó mucho la última entrega, en esta ocasión ha sido el proceder de las autoridades. Un modo de actuar que ha obligado a variar sobre la marcha los destinatarios de las ayudas.
Si inicialmente la caravana del proyecto Bicis para la Vida by ŠKODA había puesto rumbo a las aldeas de Imi Tazgi y Azioul, después de permanecer retenida en la aduana de Tanger durante más de seis horas, a menos de doce horas de alcanzar su destino se fraguó un nuevo problema desde las autoridades de la provincia de Azilal. Hasta ahora la iniciativa había repartido siempre todo su material en núcleos de población de esta provincia, pero las supuestas quejas del rais de una aldea, molesto porque se iba a efectuar la entrega en otra que no era la suya según se esgrimía desde la gobernación, impulsó al máximo responsable provincial a negar el permiso para efectuar la entrega.

Foto: Atila Madrona
La rápida reacción de Hafid El Rhadiouini, el interlocutor habitual de Bicis para la Vida by ŠKODA en Marruecos, permitió gestionar sobre la marcha los asentimientos necesarios para poder realizar la entrega en una aldea de la vecina provincia de Ouzarzate, más al sur. Las carestías son muchas en toda la zona. Demasiadas. Tamezrite se convirtió en el nuevo destino para la recepción de la ayuda. El cambio, obligado, no modificó ni un ápice los agradecimientos con los que fue recibida la expedición. Ni tampoco los compromisos de los receptores, que firman recibís se comprometen a cuidar todo el material De cara a este viaje dos furgonetas del Bicis para la Vida by ŠKODA y la Fundación Seur transportaban medio centenar de bicicletas y una gran cantidad de material donado por John Smith, Sportlast y, por primera vez formando parte de la experiencia, la Fundación Getafe Club de Fútbol. Su jugador francomarroquí Fayçal Fajr quiso dar el banderazo de salida al viaje: “Quería mandar un cariñoso saludo a los niños del Valle del Tessault, en el Gran Atlas, en Marruecos”.

“Por suerte todo salió bien, la donación fue todo un éxito como en cada viaje que hemos vivido, el grupo de voluntarios que hicimos el trabajo de cooperación acabamos convirtiéndonos en una familia, creando una unión que fue la que nos hizo vencer todas las adversidades con las que nos encontramos. Finalmente ver la cara y sentir la felicidad de esos niños recibiendo nuestra ayuda compensa con creces todo el riesgo que tenemos que asumir en cada viaje, así como todas los obstáculos y barreras con las que nos enfrentamos y tenemos que luchar. Es ahí donde la Fundación Alberto Contador quiere estar, es el compromiso de nuestra fundación con la sociedad y especialmente con los colectivos más desfavorecidos”, contextualiza Paco Romero, responsable del proyecto Bicis para la Vida by ŠKODA.

Entre los expedicionarios se encontraban Susana Pato, gerente del Hotel Princesa de Éboli de Pinto, Ángel López, responsable de logística de Bicis para la Vida by ŠKODA, Atila Madrona, fotógrafo y operador de vídeo, José Manuel García, agraciado en el sorteo efectuado entre todos los donantes de bicicletas para sumarse a este viaje, y Jesús Alberto, jefe de taller de la tienda Decathlon en la calle Ortega y Gasset de Madrid. “El viaje en sí es una experiencia brutal por todo lo que se vive en él. Al final el viaje es el remate de todo el trabajo que se hace desde la Fundación. Ver cómo las niñas y los niños reciben esa bicicleta con su cara de entre alegría y miedo no tiene precio. Para ellos somos una suerte de extraterrestres que han caído del cielo. Y al final todas las cosas que te pasan hasta que llegas al destino, las seis horas de aduana, las no sé cuántas de viaje… Todo eso al final son anécdotas porque todo lo que vives en esos momentos hace que te olvide”, explica este último. “Este es un proyecto que me parece apasionante, no solo en su dimensión marroquí, también todas las donaciones que se hacen a nivel nacional, Todo lo que conlleva me motiva para seguir colaborando tanto a nivel más personal como desde mi empresa”.

Foto: Atila Madrona
“Cada viaje a Marruecos es una aventura, no importa como programes los itinerarios, al final siempre sucede algo que te cambia el plan por completo. En esta última incursión, un accidente de tráfico a las dos horas de salir nos hizo retrasar todos los horarios que llevábamos planificados, demorando la hora de coger el ferry; posteriormente nos encontramos con que la policía marroquí nos tuvo retenidos en el puesto aduanero durante un infierno de casi seis horas, sin agua ni comida. Finalmente pudimos llegar a nuestro primer alojamiento (Assilah) cerca de las 4 de la mañana. La noche siguiente, al llegar a Demnate, tras dos días enteros en carretera cruzando España y Marruecos, nos encontramos con la noticia de la negativa a poder entregar bicis en las aldeas seleccionadas por cuestiones políticas. Por suerte, y gracias a la encomiable labor de Hafid se solucionó el problema buscando otra aldea que se convertiría en beneficiaria de la donación”, concluye Romero.

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