jueves, 14 de noviembre de 2013

FEDERICO MARTÍN BAHAMONTES

De nombre Alejandro Federico Martín Bahamontes, nació en Val de Santo Domingo (Toledo) el 9 de julio de 1928, en una caseta de peón caminero.
De niño era un buen dibujante y quiso ser futbolista. La familia se trasladó a Toledo capital siendo aún niño.
Su primer oficio y empleo fue de ebanista a los diecisiete años, pero le aburre el horario fijo, le cansa la monotonía del trabajo y habla con su padre, que trabaja en el mercado, para que lo lleve con él. Al poco tiempo cae enfermo de tifus y su padre le promete una bicicleta si se recupera. Por treinta duros, 150 pesetas, 9 euros, (precio para entonces de un dineral) le compra una “burra”, pesada y desvencijada.
Con esa bicicleta, y después de ganar apuestas entre los amigos subiendo una y otra vez la empinada calle del Cristo de la Luz, de Toledo, se presenta a su primera carrera, Toledo-Torrijos-Toledo, quedando el segundo, lo que anima a su padre a comprarle una bici de segunda mano a un corredor local.
Quiere pasar a profesional, y para ello tiene que pasar un severo reconocimiento médico. El galeno le dice que su estructura y capacidad torácica son insuficientes para el ciclismo. La noticia no lo desanima y en sus primeros años gana la Vuelta a la provincia de Málaga; vence en Santander en el circuito del Sardinero. Acude a la Volta a Cataluña y obtiene el premio de la montaña. Vence dos años seguidos en la Vuelta a Sevilla, y en la Vuelta a Asturias se lleva también dos veces seguidas el premio de la montaña.
En la Vuelta a los Puertos de 1954 no permite que nadie le gane en subir primero los puertos y sólo al final se deja alcanzar por Massip, que le bate por una rueda en la meta
Este año de 1954 corre por primera vez el Tour de Francia, llamado entonces la Vuelta a Francia. Al principio se limita a rodar con los demás, pero cuando llega la montaña da señales de vida. Sube en primera posición el Aubisque, sacando cuarenta segundos a Wagtmans; al día siguiente, en la etapa Pau-Luchon, desborda a todo el mundo y corona en primer término el Tourmalet, el Aspin y el Peyresourde, llegando en segundo lugar a la meta, aventajado por Bauvin por un segundo. Al final de ese Tour queda ganador de la montaña con 95 puntos., mientras que el vencedor del Tour, Louis Bobet solo alcanzó 53 puntos. Al terminar es considerado uno de los mejores escaladores que jamás trepó por esas carreteras y el “L´Equipe”, le apoda “El Águila de Toledo”.
Corriendo por segunda vez el Tour, en 1956, se origina la legendaria etapa del helado.
Bahamontes fue un ciclista legendario. Genial, parlanchín, caprichoso, exagerado en todo. Durante 10 años llenó cada mes de julio en España con sus aventuras en el Tour de Francia, provocando entusiasmos gloriosos y decepciones profundas. Compareció por primera vez en 1954 y ganó el gran premio de la Montaña, cosa que conseguiría otras cinco veces más en los 10 años siguientes. También ganó un Tour, el primero que ganaba un español, en 1959. Y fue una vez segundo, otra tercero, y otra cuarto. Nunca se había visto nada igual. Pero aquellos éxitos estuvieron salpicados de abandonos estruendosos. De repente le dolía el limaquillo, que nunca se supo bien qué era. Otra vez, una inyección de calcio mal puesta en el codo, que nadie creyó que fuera para tanto. Otra más, un golpe en el ojo con una botella, originado en el tumulto producido en un control de avituallamiento.
Siempre pretendía ganar el 7 de julio en homenaje a su mujer, Fermina, a la que trataba así de compensar por la larga abstinencia a que la sometía. Su leyenda se infló al máximo en el Tour de 1956, cuando tras coronar en cabeza el puerto de La Romeyère se detuvo arriba y se comió un helado, a la espera del coche del equipo. En realidad, un coche que le había adelantado en la subida había pisado una piedra que le salió escupida hacia su rueda trasera y le había roto dos radios. La rueda cabeceaba y así no podía descender bien. Bahamontes, que tardó en ser valiente en los descensos, prefirió esperar arriba a su coche de equipo, para cambiar la rueda. Y para mitigar el calor, decidió pedir un helado en un carrito que había allí arriba: “Deux boules”, pidió, mientras hacía la señal de la uve con dos dedos de la mano derecha. Y se tomó su helado con dos bolas. La multitud que atiborraba la cima no daba crédito, porque sólo le interesaba la montaña.
Por su presencia fueron limitando las llegadas en alto, quitaron la contrarreloj de montaña, alargaron la contrarreloj llana. Se decía que en Francia hacían el Tour para Anquetil.
En 1964 aún fue tercero, tras Anquetil y Poulidor, y ganó su sexta corona de la Montaña. Ya tenía 36 años.
En 1965 le llegó su día. Fue el 30 de junio, décima etapa, entre Dax y Bagnères-de-Bigorre, en los Pirineos, su escenario favorito. La etapa pasaba por el Aubisque y el Tourmalet. Bahamontes flojeó ya en las primeras rampas del Aubisque y Julio Jiménez, viéndolo, desencadenó un ataque feroz. Fue el día del relevo. Julio Jiménez ganó la etapa, una etapa durísima, con alternancia de lluvia y frío en las cumbres y calor húmedo y sofocante en los valles. La etapa se llevó por delante a Vittori Adorni, ganador del Giro de ese año, y a Lucien Aimar, que ganaría el siguiente Tour. Julio Jiménez distanció en más de tres minutos al segundo clasificado, Foucher, y en más de 50 a Bahamontes, que llegó en el puesto 110, penúltimo. El público de la meta de Bagnères le espera y le tributa la mayor ovación de su vida.
Al día siguiente, 1 de julio, más montaña. La etapa va de Bagnères-de-Bigorre a Ax-les-Thermes, pasando el Aspet, el Port y con llegada en el Marmare Chouta, de segunda. Sorpresa: en las primeras rampas del Aspet, Bahamontes salta como un rayo. El grupo de gallitos (Jiménez, Poulidor, Gimondi, Janssens…) organiza la persecución. Pero Bahamontes no aparece. Se había retirado. Eso sí: a su manera. No quiso que nadie le viera y al poco de escaparse se escondió entre unos matorrales, dejó pasar a todos y luego se subió en el coche escoba. Un fotógrafo tuvo la suerte de estar allí e inmortalizó la escena que Bahamontes quiso íntima: su última y definitiva retirada del Tour de Francia. Murió en su terreno y en su ley: en los Pirineos y escapado.
En el 50º aniversario de su victoria en el Tour de Francia (siendo así el primer ciclista español en ganar la clasificación general de la ronda gala), Federico Martín Bahamontes, El Águila de Toledo, fue homenajeado por la organización al inicio de la 6ª etapa (Gerona-Barcelona), celebrada el día que cumplía 81 años. Días antes el embajador de Francia le entregó una placa conmemorativa en nombre de la República Francesa.
En la edición número 100 del tour de Francia recibió un homenaje que le nombraba mejor escalador de la historia de dicha competición. Entre los que votaron había varios periodistas y nombres como los de Thomas Voeckler, Jean François Bernard, Jean René Bernardeau, Bernard Hinault o Christian Prudhomme, el director del Tour. Siete de los nueve componentes del jurado votaron por Bahamontes, que ganó un Tour, el de 1959, y se impuso en seis ocasiones en el reinado de la montaña. Entre los finalistas estaban Charlie Gaul, Marco Pantani, Vicente Trueba, René Vietto, Gino Bartali, Edy Merckx, Lucho Herrera o Contador.
Anécdotas:
Bahamontes se toma un helado al subir el Romeyère:
En el Tour de 1956 fraguó su leyenda. En la cima del Col de la Romeyère, en los Alpes, a 1.074 metros de altitud, entre el Isere y la meseta de Vercors, se paró a degustar un helado cuando iba primero. El famoso helado de Bahamontes, un suceso que acentuó su aureola de personaje excéntrico. «Me escapé con Leguilly, Lazaride y un belga. El coche del belga se acercó para decirle que no tirase, porque eso me favorecía, y al pasar a mi lado saltó una piedra y me rompió dos radios de la rueda trasera. Era un puerto corto, pero muy duro. Tenía rampas muy fuertes. Cuando llegamos a la cima estaba nervioso y cabreado como una mona. Berrendero no venía para arreglarme la avería. Así que me paré». A Bahamontes no le tiembla la memoria. Describe cada detalle con lupa. «Había dos carritos de helados, cogí un embudo y me puse uno de vainilla. No me podía contener de la rabia. Los aficionados me querían robar el dorsal. Aquello estaba atestado, como en todos los puertos del Tour. Como era una escapada como Dios manda, y no como las de ahora, el pelotón estaba a catorce minutos, pero yo no lo sabía. Como no venía nadie, cogí agua de un arroyo cercano y cuando apareció el pelotón les remojé con el agua. Era un puerto que apenas tenía descenso, pero no lo sabía. Cuando me arreglaron la bici, tomé avituallamiento, plátano, un poco de azúcar, y miré el croquis de la etapa. Me volví a escapar. Y coroné el siguiente puerto en cabeza, pero agarré una pájara de escándalo, de las de antes. Yo me preocupaba de la clasificación de la montaña». El toledano acabó ese Tour en el puesto 25, pero con el reinado de la montaña.
Estrecho de pecho:
Tras las muchas carreras celebradas como aficionado, Bahamontes decide pasar a profesional. Pero para que le den la correspondiente licencia hay que acudir a reconocimiento médico, a fin de que el galeno certifique si es o no apto físicamente para el ciclismo. Y cuando Federico se desnuda, el médico, mirándole entre lastimero y compungido, le dice escueta y terminantemente:
Usted no puede ser ciclista. No tiene suficiente anchura de pecho para poder resistir pruebas de algunas distancias. Desde luego, en fondo no podrá usted resistir. ¡Es estrecho de pecho!. –
Bahamontes siente un nudo caliente en la garganta. Sale de la clínica y se lo dice a los amigos. Pero para probar si es verdad que es débil se va a una carrera en cuesta pronunciada, sin asfaltar, y se la sube diez o doce veces, sin acusar fatiga. Luego repite lo mismo por la calle del Cristo de la Luz, de Toledo. Se autoconvence de que el médico está equivocado.
Tenía razón. Poco después ganaba el Premio de la Montaña del Tour de Francia y admiraba a los técnicos en el Giro de Italia.
¿El médico?. Posiblemente tuviera que abandonar la profesión, porque con esos diagnósticos… 
Palmares:
1954
Clasificación de la montaña del Tour de Francia.
1955
Vuelta a Asturias, más 1 etapa.
2 etapas de la Volta a Cataluña.
Clásica de los Puertos.
1956
Clasificación de la montaña del Giro de Italia.
1957
Vuelta a Asturias, más 1 etapa.
2º en la Vuelta a España, más 1 etapa y clasificación de la montaña.
1958
Campeonato de España en Ruta.
2 etapas del Tour de Francia, más clasificación de la montaña. 
1 etapa del Giro de Italia.
Clasificación de la montaña de la Vuelta a España.
Subida a Arrate.
1959
2 etapas de la Vuelta a Suiza.
Tour de Francia, más 1 etapa y clasificación de la montaña.
1 etapa de la Vuelta a España.
2º en el Campeonato de España en Ruta. 
Campeonato de España de Montaña. 
Subida a Arrate.
1960
1 etapa de la Vuelta a España.
Subida a Arrate.
1961
3º en el Campeonato de España en Ruta. 
Subida a Arrate.
1962
1 etapa del Tour de Francia, más clasificación de la montaña. 
1 etapa del Tour de Romandía.
Subida a Arrate.
1963
2º en el Tour de Francia, más 1 etapa y clasificación de la montaña. 
1964
Subida al Naranco.
1 etapa de la Midi Libre.
3º en el Tour de Francia, más 2 etapas y clasificación de la montaña.
1965
Escalada a Montjuic.
Equipos donde corrió:
Mondia (1954).
Terrot (1955).
ICEP-Girardengo (1956).
Mobylette (1957).
Faema (1958).
Cóndor (1959). Gracias al reglamento de la época, corre las carreras españolas enrolado en el equipo KAS.
Faema (1960).
VOV (1961).
Margnat-Paloma (1962).
Margnat (1963-1965).

Fotos: http://www.sitiodeciclismo.net/
Gracias a Alberto Plaza por esta biografía.

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